Elegante: El Estilo de la Influencia

Piensa en alguien a quien admires mucho, alguien que veas y digas «me encantaría ser como esa persona». Piensa en el cargo que tiene, cómo camina, cómo se expresa con su cuerpo, cómo se viste, qué tan fácil le es relacionarse con otros, el tipo de actividades que realiza y los lugares que frecuenta.

Es muy probable que se trate de una persona moderna y sofisticada, que frecuente los lugares más novedosos y practique las actividades más modernas e innovadoras, que camine siempre erguida y segura y cuyo atuendo esté siempre impecable.

Pues bien, la razón por la que casi todos tendemos a admirar a alguien así es porque, desde nuestros inicios, hay ciertos aspectos como la familia, el éxito profesional, la vida social, la buena educación y la cultura, que los seres humanos buscamos constantemente y no podemos evitar admirar en aquellos que ya lo han conseguido. Uno de estos aspectos es la elegancia, el siempre estar bien presentado sin importar la ocasión, el estar impecable en todo momento (aparentemente sin esfuerzo alguno) y el saber siempre exactamente qué decir sin importar el contexto.

Así que hoy hablaremos de un estilo enormemente admirado y codiciado en el que, quienes se identifican con él, parecen ser parte de un grupo selecto y exclusivo. Es un estilo que nos puede enseñar mucho sobre cómo alcanzar el éxito, pero que también tiene mucho que aprender sobre la calidez, la humildad y la sencillez. Hablamos, por supuesto, de:

El Estilo Elegante

Las personas elegantes cuidan siempre de su imagen  y logran con ello transmitir confianza, serenidad, clase y cultura. Representan generalmente un gran modelo a seguir ya que, gracias a su constante reserva y formalidad se les facilita alcanzar el éxito laboral y personal por lo que, en la mayoría de los casos, se trata de personas con un alto estatus o poder económico. Para entenderlo mejor, así como hicimos con el estilo natural y el estilo tradicional,

Hagamos un ejercicio:

Imagina que te levantas y te arreglas. Parece un proceso complejo por todos los productos que usas para el cuidado de tu piel y tu pelo, pero para ti es tan solo una forma más de consentirte. Te encanta este nuevo tratamiento que te recomendó tu peluquero, pues cada pelo se queda siempre en su lugar. Te vistes cuidadosamente, asegurándote de que no te falte ningún accesorio de los que te gusta usar con esta pinta y bajas a desayunar. Te gusta la cocina, por lo que rara vez comes o desayunas lo mismo, así que hoy optas por un pan tostado integral con guacamole y tomate, con tu batido verde favorito.

Te pones tus gafas de sol y sales al trabajo en tu camioneta nueva. Al llegar, te aseguras de alisar bien tus prendas y organizar tu pelo y te diriges a tu oficina. En el camino, te encuentras a varios directivos llegando a trabajar, todos de saludan y te felicitan por tu presentación de ayer: los convenciste a todos. El día se te pasa rápido. Te encanta tu trabajo, conocer gente nueva, viajar, tu oficina cómoda, amplia y moderna, por lo que los días se te pasan sin que te des cuenta.

Después del trabajo te diriges al club, pues tienes clase de Bikram yoga. Normalmente tienes clase de Zumba Fitness después, pero hoy te la saltas porque no tienes tiempo y vas a la recepción a agendar tu masaje de mañana. Sales del club y vuelves rápido a casa a bañarte y arreglarte, pues quedaste de encontrarte con tu pareja para ir a una exposición de arte que va a realizar un amigo. En la galería, aceptas una copa de champaña y te dispones a disfrutar del arte y las buenas conversaciones, pues conoces a casi todos los asistentes. Al terminar, vas a un restaurante nuevo que te recomendaron; tu pareja pide un salmón, tú pides unos langostinos (pues te contaron que son los mejores de la ciudad) y piden un Chardonnay para acompañarlos. Nada mejor que un buen vino, en un restaurante elegante, con buena música.

Cuando llegas a casa, te cambias a tu pijama de seda favorita y (como siempre) te asombras de lo poco que se arrugaron tus prendas. Antes de dormir, preparas tu maleta para mañana, pues tienes clase de Pilates después de tu masaje. Ya todo listo, te recuestas en tus sábanas suaves que compraste en tu último viaje a Italia, te tomas un vaso de agua y te dispones a descansar.

Si esta descripción se parece más a tu realidad que a tus sueños, tienes la suerte de ser parte del Estilo Elegante, el más influyente de todos los estilos y el que muchos aspiramos tener, al menos en alguna medida.

El problema con este estilo, es que la elegancia y la sofisticación son su base y su núcleo y estos son aspectos que dependen mucho de tu educación y aprendizajes a lo largo de tu vida. Es por eso que este es probablemente el estilo en el que más se hace evidente la esencia inevitable de cada persona y la manera como el estilo no es algo que tú construyas, sino algo que ya tienes y contra lo que no puedes luchar ni puedes forzar. Es un estilo de delicadeza, cultura y elegancia sin esfuerzo aparente, pero es algo que se ha construido a lo largo de toda tu vida, mediante la atención al detalle y la preocupación constante por la apariencia y el buen comportamiento, hábitos muy difíciles de construir desde cero cuando ya somos adultos, pero en los que podemos trabajar para mejorar nuestro propio estilo y potenciar nuestra imagen.

Si te identificas con este estilo, eres una persona que se distingue sobre otros por tu apariencia refinada y prestante, pero esto no es algo que has ganado sin esfuerzo, sino algo por lo que has luchado e invertido y estás dispuesto a seguirlo haciendo, ya que esto, junto con el respeto y la cultura,

es lo que te ha dado el prestigio que tienes y es finalmente lo que representa el éxito para ti. Es posible que te hayas identificado mucho con el estilo tradicional, ya que eres algo así como un tradicional modernizado, pues te interesan los valores de la cultura y el buen comportamiento, pero te gusta explorar actividades nuevas e innovadoras, que te saquen de tu zona de comfort, aprovechando así el potencial del estilo tradicional, pero cayendo también en tus propios excesos.

Con su constante cuidado de su apariencia, su cuidadosa elección de la mejor calidad en todo lo que consume y su búsqueda constante de la excelencia, el elegante eleva todo lo cotidiano a un nivel de pureza y exclusividad

Es por esto que, si no te identificas con este estilo, es muy probable que alguien elegante tenga exactamente tus mismas prendas, pero a esa persona se le vean limpias y refinadas y tú te sientas disfrazado y desordenado. El elegante tiene esa misteriosa habilidad de lograr que todo se vea bien y su clave está en la atención a la calidad y el detalle. Son personas suprémamente reservadas y discretas, con lo que generan un halo de misterio sobre sí mismos, por lo que no les gusta llamar la atención y les choca todo lo que sea estridente o esté fuera de lugar. Comparten la necesidad de control y de respeto a la autoridad del tradicional, por lo que tienen altos estándares de profesionalismo y tienden a ser muy duros consigo mismos. 

Normalmente seleccionan mucho a sus amigos y a veces sienten dificultad por encontrar personas que estén a su altura,  por lo que acceder a su intimidad es un beneficio de pocos afortunados.

Esta exigencia consigo mismos la tienen también con todo aquello que consumen y lo que los rodea. Si tu estilo es elegante, lo más importante para ti será el éxito y este se expresa en la calidad y exclusividad de todo lo que se relaciona contigo. Es por esto que te interesan todas las actividades exclusivas, innovadoras e interesantes que puedas encontrar, pero también conservas la apreciación por las actividades tradicionales e intelectuales como la ópera, el arte, el teatro y la lectura.

Buscas siempre tener un puesto de alto rango, no solo para acceder a grupos y artículos exclusivos, sino para rodearte de personas que compartan tus intereses, pues es en el refinamiento y la autoridad donde encuentras tu coherencia personal.

Es por esto que, a la hora de comprar cosas, te alejas de las marcas económicas masivas o artículos con logos sobre ellos, pues te interesa conseguir cosas exclusivas, interesantes y duraderas, así implique enviarlas a lavandería después de cada puesta o guardarlas en una bolsa de terciopelo en un lugar fresco. Prefieres invertir en algo raro y único, antes de que alguien más en el mismo cuarto tenga lo mismo que tú. Es por eso que tienes tu costurera de cabecera, lista para hacer arreglos a mucho de lo que compras, pues te encanta tener todo perfectamente ajustado a tu cuerpo y mandar a hacer prendas hechas exclusivamente para ti. Así, tu armario está lleno de trajes y telas finas como lana y satín y predominan los colores suaves y el negro. Siempre tienes prendas listas en caso de que se presente un evento formal, pues estar siempre formal te parece fabuloso, ya que es en las ceremonias y actos públicos donde reafirmas tu posición social.

Esta búsqueda por la mejor calidad la aplicas también a tu propio cuerpo, pues consideras que la base de tu éxito es tener siempre una presencia impecable y pulida. Es por esto que tienes una rutina juiciosa de ejercicios, nutrición, descanso y cuidado de tu piel, siempre en la búsqueda de nuevas técnicas y recetas para tener tu cuerpo lo más sano y en forma posible. Sin embargo, a diferencia de cualquier otro estilo, a ti no se te nota el sudor, la «maluquera» o el cansancio, reforzando la sensación de que logras toda esa elegancia y buen aspecto sin esfuerzo alguno.

Así como el estilo tradicional y el natural, el estilo elegante tiene sus propios riesgos. Este esfuerzo constante por cuidar la apariencia hace posible el que parezcas presuntuoso o presumido y construyas una imagen distante y estirada que limite tu capacidad de sensibilizarte ante otros y disfrutar lo que te rodea.

Llevado al exceso, tu esfuerzo por el mejoramiento continuo se puede traducir en una obsesión por los resultados, lo que te puede llevar a ser muy envidioso, pues te domina el miedo a ser parte del montón o sentirte vulnerable, poco útil o vulgar, convirtiéndote en alguien que puede alejarse de quien eres en realidad.

Es por esto que cualquier signo de fracaso significa el derrumbe para ti, impidiéndote vivir el presente y limitando con ello tu creatividad. Te chocan quienes no comparten tu intelecto y tu exclusividad, lo que te dificulta conocer y aprender de personas diferentes y te puede llevar a depender mucho del reconocimiento social, dejando mucho de lado tu amor propio.

Sin embargo, llevado a su autenticidad, las personas de este estilo tienen la capacidad de generar éxito y valoración y ponerlo al servicio de quienes los rodean. La solidez, confianza, honestidad y discreción que poseen son valores de gran poder y muchísimo potencial. El elegante suele acompañar su apariencia de exquisitez y sumo respeto con una personalidad alegre y comunicadora, convirtiéndolo en la persona idónea para reflejar una autoridad que inspire. Por lo mismo, generalmente está rodeado de personas similares que tienden a pensar en grande y pertenecen a círculos sociales de gran influencia, lo que le ayuda a conseguir siempre lo que se propone. Lo importante para este estilo es empezar a pensar en el fracaso, no como el fin del mundo, sino como una oportunidad de mejora, con lo que podrá reducir un poco las exigencias que tiene consigo mismo y así vivir y disfrutar del presente.

El estilo elegante es un estilo admirable, pero también de muchos excesos, así que o importante es que recuerdes que, sin importar cuál sea el tuyo, el estilo es algo que no debes forzar y nada llevado al exceso te ayudará a alcanzar tus objetivos. Lo que debes buscar es aprender de todo lo que tiene cada estilo para aportarte y poner atención a aquello del tuyo que te está limitando. ¿Quieres saber más sobre cada estilo y cómo llevarlos al siguiente nivel? No te pierdas mi webinar en vivo, gratuito: “Descubre tu estilo, renuévalo sin gastar dinero y crea looks inolvidables“, el próximo jueves 5 de septiembre a las 7 p. m. de Bogotá:

avatar
  Suscríbete  
Notificar a